¿Hasta dónde un desastre es solo un lamentable accidente? ¿Hasta dónde se puede localizar las responsabilidades y culpas de quienes pudieron evitar las tragedias? ¿Qué certeza tenemos los peruanos de que las tragedias sirvan para algo?
Como se recuerda, el 13 de febrero se produjo la caída del puente de Chancay, con su saldo trágico de dos muertes, una docena de heridos y la interrupción del tránsito por la carretera Panamericana Norte. Eso no sólo era lamentable en sí mismo, sino por lo que implicaba: denuncias de negligencia oficial, incapacidad de gestión de entidades públicas y privadas para dar mantenimiento a la infraestructura y la supuesta insensibilidad de autoridades para atender clamores populares.
Pero, eso se ha multiplicado en repercusión e impacto colectivo, con la reciente tragedia ocurrida en el centro comercial Real Plaza de Trujillo. Más muertes, más heridos, profundo dolor nacional. A lo que se agrega un mayor cuestionamiento a los servicios de empresas privadas y su relación con entidades supervisoras y auditoras de la seguridad pública.
Las preguntas iniciales son difíciles de absolver en lo inmediato. Sin embargo, creemos útil repasar algunos criterios que nos ayudarían a comprender las posibles respuestas.
1.- Todas las empresas responsables de instalaciones o procesos ¿conocen sus riesgos? En teoría sí. Sobre todo, en las instalaciones fabriles o de entretenimiento, hay estándares, reglamentos y procesos que deben cumplirse. Porque de por medio están la seguridad y salubridad pública. Lamentablemente es frecuente que haya una disposición muy relajada en ese afán de cumplimiento. “No pasa nada”, “Así nomás está bien”. Los riesgos pueden ser de diseño, de construcción, de funcionamiento o de percepción.
2.- Los estándares serios. Cuando se trata de identificar riesgos, la mayoría de organizaciones se toma en serio la tarea de prevenir las posibles fallas, las crisis operativas o de reputación, y aplican procesos de prevención por los cuales se muestran escenarios de riesgo. Veamos algunos criterios que deberían estar en el check-list de los planes de crisis:
- Fallas propias de operación. Todas las industrias y proveedores de bienes o servicios, deben revisar en qué pueden fallar, qué aspectos de sus procesos o sistemas pueden dañarse o causar un impacto entre clientes o públicos usuarios. La mayoría de las crisis en empresas públicas y privadas, son de este tipo. Un derrame petrolero por mal desembarque; cancelación de vuelos en el aeropuerto por falla de luces en las pistas; caída de sistemas bancarios o de telecom. El problema no es identificar el riesgo sino lo que se hace con esa información. Cuánta acción se despliega para evitar el problema. Lo grave es la negligencia y la impreparación.
- Latencia de conflictos previos. Algunos temas son recurrentes. Por ejemplo, siempre hay riesgo de que los sindicatos de Corpac ocasionen algún problema con sus demandas inusuales o reclamos de bonos; o que el proyecto Tía María sea paralizado por nuevos intereses de pobladores sensibilizados por algún riesgo de la operación minera. Los conflictos irresueltos se caracterizan por eso: por una serie de episodios críticos.
- Acción u omisión de terceros. Este es un aspecto de mucha vigencia. A veces los problemas de una empresa no se deben a sus propias negligencias o capacidades, sino a la falta se seguridad pública, al incumplimiento de obligaciones del Estado. Las empresas mineras en Pataz, han pagado con sangre la ausencia del estado, la inoperancia policial para protegerlos de las violentas arremetidas de la minería ilegal.
Y cabe agregar aquí la incapacidad y la corrupción en ciertas entidades, como los municipios para autorizar la licencia de construcción o el funcionamiento de los negocios o centros comerciales. Esto nos lleva al tira y afloje entre la iniciativa privada y la presión de quienes retienen algún poder.
- Temas sensibles de opinión pública. Es relevante pensar que en la actualidad hay temas que corren a velocidad viral porque afecta la sensibilidad de las gentes. La corrupción, no se perdona. El escándalo en todas sus formas atrae y da que hablar. La turbiedad y opacidad de los modos de gobernar indignan.
Es ofensivo que PetroPerú tenga centros de recreación para sus empleados, con plata de los que pagamos impuestos; más escandaloso aún que el Congreso quiera tener su propio club de playa. Inexcusable que por el afán de la primicia (mal entendida) se vulnere la intimidad de la cantante Shakira dando a conocer detalles de su malestar de salud.
- El riesgo ómnibus, la negligencia. Hoy, en el Perú, tenemos que agregar un riesgo ómnibus, que agrupa varios de los otros riesgos. Es el de la negligencia. Supone conocer el riesgo, no hacer nada al respecto, o encubrirlo con paliativos o subterfugios como el pago de coimas a la autoridad para no demorar la puesta en servicio o los ingresos. Al final, eso supone una falla propia, sobre una inacción de terceros, respecto a temas sensibles, y que patea hacia el futuro el problema, como un riesgo latente.
Hay otros aspectos, como las campañas críticas de medios y redes sociales y la ocurrencia de impactos naturales y accidentes, que también deben considerarse entre los riesgos.
En el caso de la tragedia del Real Plaza, queda claro que no se circunscribe a un solo riesgo. Ni a un solo responsable. Hay culpas repartidas. Puede que sea cierto que las autoridades no hayan detectado problemas insalvables en la obra; o que hayan mirado para otro lado; puede que sea verdad que las lluvias imprevistas hayan aumentado la carga del techo. Pero al final, algo falló. Y ante la opinión pública siempre será una responsabilidad de la empresa operadora.
Imagen: versión propia a partir de foto EFE/RPP.
Bien tocado y explicado el tema, creo que sólo faltó el componente de la política, un lobby en el Congreso permite como en el presente caso, que se relaje la temporalidad de las inspecciones y se deja de lado la opinión experta de profesionales, en y durante las inspecciones, ahora más espaciadas.
Una inspección de un profesional con experiencia, podría ver detrás de unos globos en la pintura de una estructura metálica, la oxidación del metal y por ende la pérdida de su capacidad estructural y como este ejemplo hay muchos para comentar.