En muchos textos literarios, científicos, religiosos o meramente de política menuda, se ha mencionado alguna vez el aforismo de que andamos “a hombros de gigantes”. Esto se puede interpretar como que los personajes de nuestro pasado nos han abierto el camino por el que hoy vamos.
El intelectual Umberto Eco menciona que la polémica sobre enanos y gigantes no es más que una expresión de la lucha milenaria entre padres e hijos. O sea, hay quienes reconocen los aportes de las generaciones anteriores, de la antigüedad, aunque otros arrasan, corrigen y enmiendan lo hecho o escrito por sus mayores, so pretexto de la modernidad.
Algunas menciones conocidas de ese dicho citan que, en 2017, el científico Hawking declaró: «Cada generación se apoya en los hombros de aquellos que los han precedido, tal como lo hice yo como un joven estudiante de doctorado en Cambridge, inspirado en el trabajo de Isaac Newton, James Clerk Maxwell y Albert Einstein”.
Pero, yendo más atrás, en una carta dirigida a Hooke en 1675, Isaac Newton le decía: «si he visto más allá de las cosas, es porque estuve sobre los hombros de gigantes».
Juan de Salisbury le atribuye el aforismo de enanos y gigantes a Bernardo de Chartres. En 1159, (siglo XII) Juan escribió en su Metalogicón: «Bernardo de Chartres solía compararnos con enanos encaramados en los hombros de gigantes. Señaló que vemos más y más lejos que nuestros predecesores, no porque tengamos una visión más aguda o mayor altura, sino porque somos elevados y transportados en su gigantesca estatura».
Sin embargo, según Umberto Eco, el testimonio más antiguo de la frase se remonta a seis siglos antes, a Prisciano. No obstante, lo interesante es que después de la mención de Juan de Salisbury el aforismo lo retomaron muchos otros autores. Y así, llega hasta Ortega y Gasset que en su ensayo «En torno a Galileo», dice que «los hombres están unos sobre los hombros de otros, y el que está arriba tiene la impresión de dominar a los otros, pero al mismo tiempo debería darse cuenta de que es su prisionero». Y no le faltaba algo de razón.
Las imágenes. El aforismo se ha perpetuado también en la arquitectura y en las artes. La catedral de Chartres (Francia) es célebre por sus vidrieras medievales de intenso y bello color azul. Es famosa la llamada Ventana de la Virgen Azul (Notre Dame de la Belle Verrière), de principios del siglo XIII que representa a la Virgen con el Niño. Pero también la vidriera donde aparecen los evangelistas del Nuevo Testamento sobre los hombros de los profetas del Antiguo Testamento, mirando al Mesías (ver imagen).
Hubo varias pinturas que reprodujeron el andar de los humanos sobre hombros de gigantes. Pero en nuestros tiempos de pantallas, seguro que muchos recordarán algo alusivo. En el film El Señor de los Anillos, hay la escena donde el personaje Frodo camino al Monte del Destino viaja a hombros de seres gigantes: son los Ents una raza de seres parecidos a los árboles, pero que pueden moverse a grandes trancos. Lo acompañan en ese viaje tres compañeros hobbits: Sam, Merry y Pippin.
En todo tipo de ámbito, en la cultura o en la ciencia, se han dado casos donde los hijos no solo son parricidas, que eliminan a sus padres, sino que usan a los abuelos para eso. Se levantan las banderas de los estilos de arte, modos de vida o dominios de más atrás, para desacreditar lo hecho por nuestros antecesores inmediatos, o para retomar los bienes y valores que supuestamente éstos no supieron defender.
La frase “a hombros de gigantes” plantea muchas explicaciones que Eco se encarga de abordar con toda su erudición. Al fin y al cabo, se trata de saber si las generaciones actuales somos humildes al reconocer el valor de nuestros antepasados, o somos soberbios al creer que somos más sabios o mejores que ellos, porque nos montamos sobre su legado. ¿Usted qué cree?
Fuentes: Eco, Umberto, A hombros de gigantes. Lumen, Penguin Random House Grupo Editorial, 2018, España. Y Wikipedia.