Éxitos (discretos) de comunicación corporativa

Quienes somos profesionales de la comunicación estamos acostumbrados a trabajar detrás de las cámaras, fuera de los reflectores de la visibilidad pública. Solemos hacer que una marca o una empresa ganen notoriedad, laboramos para que un directivo o portavoz se luzca en la escena pública.

En la comunicación corporativa somos los acompañantes de una gestión estratégica y armamos los recursos de la información y de los vínculos internos y externos, a todo nivel. Procuramos así que la organización cumpla sus fines. Preventivamente evitamos las crisis públicas o las afrontamos desde los contactos con mediadores sociales y con la munición de los mensajes apropiados.

Es parte de nuestra tarea estar siempre alertas; chequeamos medios de prensa y las redes sociales, conversamos con gente interesante de cualquier posición jerárquica o política. Estudiamos y preparamos reportes de impactos noticiosos, de contenidos, resultados de encuestas y de escenarios públicos. Ponemos atención a indicadores de ventas, quejas y reclamos, a indicadores de clima interno y a las expectativas de nuestros relacionados.

Los comunicadores usualmente aportamos nuestro conocimiento y experiencia, con bajo perfil. Pocas veces salimos en la foto. Y quizás por eso, no aguardamos el reconocimiento merecido por nuestro trabajo. Tal vez una palmadita en el hombro es suficiente. Pero ni remotamente aspiramos a ganar un bono o un premio. Nuestros éxitos de comunicación son discretos. Los celebramos en privado.

Sin embargo, siempre que tuve la oportunidad de hablar con mis colegas de trabajo, en audiencias de profesionales o con alumnos, trataba de cambiar esa costumbre de ser la sombra ignorada de una gestión. Porque la modestia cuando limita con la humildad, puede caer en intrascendencia.

Les decía, «la gallina pone huevo, y cacarea». Tenemos que reportar nuestros logros, con modestia, pero con verdad. Recomendaba hablarles a los directivos en su idioma: mostrarles un diagnóstico, proyectar situaciones, seguir indicadores claves, mostrar resultados con datos y cifras sólidas, dar conclusiones que hicieran pensar.

En mi experiencia, asumir proyectos, hacer seguimiento y registrar sus resultados, siempre ha sido útil. Es bueno documentar la gestión, para la propia autocrítica, para dar el feed-back a las partes involucradas. También para enseñar a otros. Y eso ayuda a que el comunicador haga su trabajo cada vez mejor y que se legitime en los hechos.

Hay muchos casos de éxitos de comunicación. Implantamos buenas prácticas profesionales, ajustándonos a las necesidades de cada organización. No obstante, la paradoja es que cuando se tiene éxito en la comunicación, nadie se entera de quién lo hizo. Y los comunicadores no comunicamos nuestros logros. Esto hay que enmendarlo. No por vanagloria, sino porque puede ser aleccionador para otros. La memoria es frágil y se lleva los resultados como hojas al viento.

Es necesario reconocer y divulgar los éxitos y las mejores prácticas en la comunicación profesional. Para eso, el Observatorio de Imagen y Comunicación, OBICOM, lanzará un concurso destinado a recuperar los trabajos exitosos de los comunicadores. Atentos: en un próximo anuncio por esta vía, lo sabrán.

Para ponernos a tono, comenzaré a publicar cada semana una serie de casos personales de éxitos, muy discretos. He recogido antiguas experiencias que considero que aún pueden ser válidas para nuestra práctica. Ojalá les sirva.

Vean el próximo martes: “Quejas positivas: cuando el problema se convierte en solución”.

 

Ilustración de comunicadores: imagen creada con Copilot, más imagen de RRSS, INESDI.com