Aunque no se suele usar muy frecuentemente este dicho, nos remite a una práctica más común de lo que parece. El chivo expiatorio, coloquialmente, es alguien a quien se le atribuye una culpa deliberada y falsa para desviar la culpa de otros.
En lo cotidiano, suele ser alguien que es injustamente culpado por errores o problemas para desviar la atención de otros o para mantener a salvo la imagen de un personaje o de un grupo. Por ejemplo, un niño puede ser constantemente culpado por problemas familiares, simplemente porque la pareja de padres es incapaz de reconocer sus propios conflictos y afrontarlos. En el trabajo, suele pasar que un empleado puede ser el chivo expiatorio para encubrir errores de sus superiores, o para evitar que se tomen medidas contra personas de mayor rango.
En situaciones de crisis como una recesión económica, un grupo minoritario puede ser culpado por los problemas del país, desviando la atención de las verdaderas causas y decisiones políticas. Quién no recuerda la feroz y despiadada campaña del nazismo de Hitler que culpó a los judíos de todos sus problemas para desatar el odio y su persecución. Curioso que esa antigua costumbre hebrea se haya patentizado en la represión justamente de los judíos.
¿De dónde proviene el aforismo? En el capítulo 16 de Levítico, se describe el ritual del Día de la Expiación (Yon Kimpur), donde se utilizan dos machos cabríos. Uno de los machos cabríos es sacrificado como ofrenda por los pecados del pueblo, mientras que el otro, conocido como el chivo expiatorio, es enviado al desierto después de que Aarón transfiere simbólicamente los pecados de la nación sobre él.
El chivo expiatorio, es presentado vivo ante el Señor. Aarón pone sus manos sobre la cabeza del chivo y lo sindica como El Azazel. La palabra es una traducción al español del hebreo ‘ăzāzêl que podría significar ‘remover’ o ‘despedir’. Se dice que el animal es abandonado en el desierto o es lanzado desde un abismo. Previamente le gritan, insultan, lo apedrean. Está condenado a cargar las iniquidades del pueblo y así la gente se despide de sus pecados.
El sacrificio de estos dos machos cabríos predijo en cierta medida lo que sucedió cuando Poncio Pilato presentó a Jesús y a Barrabás al pueblo de Jerusalén. Barrabás culpable (cargado de pecado), fue liberado, mientras que Jesús, inocente de pecado, fue sentenciado por el Sumo Sacerdote a ser sacrificado mediante crucifixión.
Un caso político: el presunto asesino de John F. Kennedy , Lee Harvey Oswald, fue caracterizado como un «chivo expiatorio» por el escritor Joachim Joesten y otros investigadores. Según ellos ese solo individuo (quien luego sería asesinado) sería incapaz de tener los motivos y la capacidad de planear ese magnicidio. Fueron otros, pero la opinión pública descargó su rabia contra él.
Vinculado al tema está el fenómeno psicológico conocido como «proyección», divulgado por el psicoanalista Sigmund Freud, quien argumentó que proyectamos nuestros pensamientos, sentimientos y acciones indeseados sobre los demás para evitar enfrentarnos a la realidad de nuestro ser interior. El filósofo de la antigüedad, Sócrates decía que al negarnos a aceptar la responsabilidad sobre nuestras acciones y buscar chivos expiatorios, perpetuamos un ciclo de ignorancia y autoengaño que nos impide alcanzar nuestro máximo potencial.
En nuestro país, constantemente vemos que se emplea una narrativa orquestada para señalar culpables de los errores del gobierno o de los grupos políticos. Siempre estamos inventando culpables de nuestros males. Ya es tiempo de no precisar de un gran pretexto para asumir nuestras responsabilidades. ¿Cierto?
Fuentes: Wikipedia, https://en.wikipedia.org/wiki/Scapegoat
Lucio Pezet, Felipe de, Del Origen de las palabras y las frases, 1993, DE SRL, Lima, pág. 50.
Imagen: tomada de lapalabraAbierta.com, y retocada.