El chovinismo se refiere a un patriotismo exagerado; alude a personas y posturas radicalmente nacionalistas, que suelen suponer discriminación o rechazo a otras naciones o culturas. Es un favoritismo sin medida por lo propio, hacia la patria de uno mismo, que lleva a minusvalorar lo ajeno.
El término se originó en un personaje. Nicolás Chauvin, al parecer ficticio, habría sido un soldado de Napoleón Bonaparte y que se hizo popular por haberse casi inmolado por el ideal de luchar por su país y en especial por su devoción hacia dicho general francés. Se dice que se alistó muy joven en las fuerzas napoleónicas y que en sus campañas resultó herido 17 veces, por lo cual le quedaron desfiguraciones y la mutilación de algunos dedos de la mano.
Debido a su lealtad y dedicación, el propio Napoleón le otorgó el Sable del Honor y una pensión de 200 francos, lo que Chauvin se encargaba de divulgar sin ninguna modestia. Sin embargo, pasado el imperio napoleónico, cuando las aventuras militares y el patriotismo tradicional ya no eran bien vistos, se convirtió en objeto de burla.
Entonces, fue caricaturizado en canciones y obras de Vodevil del siglo XIX, e incluido como personaje en La Cocarde Tricolore: Episode de la Guerra d´Algerie (La Escarapela Tricolor, 1831), de los hermanos Cogniard, en referencia a los tres colores de la bandera francesa. En esa obra, que trata sobre la iniciación del ingenuo recluta en la batalla y su madurez durante la expedición francesa a Argel de 1830, el personaje Chauvin dice en una copla: “yo he comido camello por mi Francia”.
Así, el chovinismo (o chauvinismo) pasó a significar cualquier tipo de ultranacionalismo, generalmente para mencionar un apego indebido a un grupo o lugar.
Con el tiempo, el chovinismo se ha asociado al sentimiento ultranacionalista de ciertos grupos, que expresan odio a minorías o xenofobia. Los marxistas aplicaron ese término contra las distintas formas de imperialismo, en especial para calificar el apoyo al opresor sobre los oprimidos. El Women’s Lib, movimiento de emancipación femenina de la década de 1970, inmortalizó su crítica a los machistas al denominarlos «puercos chovinistas».
En el Perú, salvo excepciones, no somos chovinistas. No sabemos apreciar lo que heredamos y tenemos como peruanos. Algunos reniegan de su procedencia, otros de su idioma original, o de su condición. Por ejemplo, hay quienes se cambian el apellido o lo modifican para no delatar su raigambre quechua, aymara o asháninka. Mientras una marca europea de ropa “outdoor” se denomina Quechua, en nuestro país unas confecciones peruanas de buena calidad, con algodón pima, se llaman Sidney o Melburne (¿).
Solo estamos cerca de ser chovinistas con respecto a las bondades de nuestra comida. Es cierto, es espectacular, buenos y variados ingredientes y creatividad que se reconoce crecientemente en el mundo. Pero el patrioterismo no debe conducirnos a desconocer la calidad de otras cocinas nacionales. Aquí comemos alpaca porque es buena carne magra, pero camello…hum.
Fuentes:
Enciclopedia Británica:https://www.britannica.com/biography/Nicolas-Chauvin
De Lucio Pezet, Felipe. El Origen de las palabras y las frases, 1993, Lima. Pág. 47.
Ilustración: imagen de la ofensa al cónsul de Francia en Argel, lo que gatilló el conflicto (autor desconocido, edición propia).