Dichos y palabras: ¿te da soroche en las alturas?

A casi a todo el mundo le da el mal de altura, también conocido como soroche, cuando se atraviesa nuestra cordillera andina. Ese malestar causado por el aire diferente que se respira en las alturas, más enrarecido, provoca dolores de cabeza, mareo, pérdida de equilibrio, pesadez en el cuerpo, sensación de fatiga y alteración del ritmo cardíaco.

En verdad, el soroche se origina cuando uno viaja por alturas sobre los 2 mil 500 metros sobre el nivel del mar, donde la presión atmosférica es menor y hay menos oxígeno disponible en el aire.

Una anécdota: Muchos años atrás, cuando trabajaba en Southern Peru, solía llevar invitados importantes de Lima para que visitaran las minas de la compañía en Tacna y Moquegua, ubicadas sobre los 3 mil metros de altitud.

Acompañé a docenas de autoridades, empresarios, periodistas, líderes de opinión en ese trajín, y nunca se me quedó un invitado en el camino debido al soroche. Recuerdo en especial a uno de ellos: filósofo, escritor y director de El Dominical de El Comercio, Francisco Miró Quesada Cantuarias, quien frisaba los 73 años cuando aceptó conocer las minas.

En algún momento, don Paco, me pidió que le avisara antes de pasar la parte más elevada de la ruta hacia Toquepala para prepararse mentalmente. Le hice trampa, unos diez minutos después de haber alcanzado la cima, le avisé que ya estábamos descendiendo y se sintió aliviado y muy alegre porque lo consideraba una proeza, por su edad.

¿Cuál era el secreto? Muy simple, hidratación: les instaba a tomar una o dos botellitas de agua antes y durante el viaje para ayudar a su adaptación. Un médico de la compañía lo decía de modo simple. La fórmula química del agua es H2O, y la “O” es oxígeno, así que había incrementar el oxígeno en la sangre para superar la altura.

Los lugareños tenían un consejo pícaro: en la cordillera hay que andar despacito, comer poquito, y dormir solito.

Orígenes de la palabrita. Como bien señala Martha Hildebrandt el soroche es una palabra de oscura etimología. Aunque se la vincula con orígenes quechuas, no queda claro por qué contiene el terminal “che” que no parece un morfema quechua. Lo que está más claro es que deriva de un antiguo término minero.

Cita que, en tiempos virreinales, en las Ordenanzas de Minas de Toledo, ya se hablaba de cómo disponer del mineral de baja ley, o sea el material pobre al que llamaban “zoroche”. Tiempo después —en las minas de Bolivia y Chile— se denominaba “soroche” a la galena (sulfuro de plomo argentífero). He ahí pues, la raigambre minera del soroche. Sin embargo, antaño se asociaba ese malestar con la visita a los yacimientos mineros. Incluso algunos vinculaban el soroche a las supuestas emanaciones de las vetas mineras.

En el Perú, país minero por excelencia, todos deberíamos estar felizmente afectados por el soroche, puesto que la serranía está repleta de minerales que ofrecen materias primas, trabajo y divisas.

 

Notas:

Hildebrandt, Martha, Peruanismos, Moncloa Campodónico Editores, 1969, página 356.

Ilustración: foto retocada, original de CorazónTarmeño.com